Pasan las navidades y poco después de unos locos carnavales, nos llega la deseada Semana Santa. Aunque como siempre que tenemos unos días libres, nos pasan volando. Parece que las horas corren más deprisa cuando estamos de descanso, ¿verdad? Pero no nos pongamos tristes, que en poco más de 15 días volveremos a disfrutar de otro fin de semana largo.
El domingo aquí, además de la resurrección, celebrábamos el domingo de bollos. Tanto mi sobrina como mis hijas, esperaban con ilusión ver el bollu que les traian sus respectivos padrinos.

También mis hermanas y yo disfrutáramos mucho en este día cuando eramos pequeñas. A Vane no le tocó, pues sus padrinos no compraban el bollu donde el nuestro, pero Remi y yo, teníamos la suerte de escoger, año tras año, el bollu que queríamos. Nos llevaban a la ya desaparecida confitería La Leal, donde nada más entrar te encontrabas a la izquierda con el mostrador y a la derecha con un armario expositor empotrado, que en estas fechas estaba a rebosar de figuras de chocolate. Pero nosotras, siempre seguíamos de largo y subíamos la empinada escalera que llevaba al altillo de la pastelería. Allí todas las mesas, que otras veces estaban llenas de gente merendando, estaban repletas de bollos con su casita de chocolate y con una figura de juguete. Para nosotras era toda una celebración mirar uno tras otro hasta decidirnos por uno. Las casitas solian ser de chocolate blanco y de chocolate con leche, combinando ambos para hacer techos y paredes de distintos colores. Aunque también las había de chocolate negro, que rara vez escogí porque no me gusta mucho. Las figuras solían ser animales, o muñecos. Recuerdo una ratita presumida de madera cuyo cuello era un muelle, que hacia que al menearla, se le moviese la cabeza. También una muñequita esquiadora que escogió Remi un año, y casi seguro que tengo fotos con algún bollu más, que ahora no me viene a la memoria. La foto en blanco ynegro es mi hermana Remi con su bollu a los 2 años. Me la tuvo que pasar ella, porque yo encuentro ninguna, deben de estar todas en casa de mi padre.
Era tradición en mi casa, ir en ese día a merendar a algún merendero, y sobra decir que para allá nos íbamos con nuestras tartas. Por eso, muchas de las fotos que tenemos de este día eran en el Verdemar, un merendero de la Providencia, donde solíamos ir muy a menudo.
A mis peques les dieron el "bollu" sus respectivos padrinos. A Alicia solo la mitad, ya que su madrina, mi hermana pequeña, en vez del tradicional bollu, le compra ropita para que estrene en Ramos. Por su parte, el padrino, el marido de mi otra hermana, le trae el bollu típico en Gijón, o lo que es lo mismo una tarta de bizcocho y yema, decorada para la ocasión con "pitinos" y con un conejito de chocolate. La tarta en cuestión, es lo más parecido que pudemos encontrar a aquellos bollos de La Leal, aunque el sabor, por mucho que se parezca no es igual :(


A Laura los padrinos también le trajeron el bollu, pero a eso de las 9 de la noche, así que la pobre ya estaba cansada de esperarles. En cuando les vio aparecer, empezó a gritar: "mi huevo, mi huevo" en vez de "mi bollo, mi bollo" y les dejo perplejos, pues lo que traian no era un huevo, sino una casita de chocolate con Hello Kitty. Sobra decir que le encantó y que le daba lo mismo si era una casa, un coche u otra cosa, ella lo que quería era su huevo (léase bollo) :)

Como veis, los padrinos se portaron muy bien, así que mis hijas no pudieron cantarles la canción que nos enseñaron en el bautizo de Laura, nuestra ahijada de Pinto, y que dice así:
"Padrinos roñosos,
mete la mano al bolso,
eche, eche, eche
y no lo gaste en leche"
A nosotros nos lo cantaron a la salida del bautizo para que tiraramos caramelos. Tuvimos la suerte de llevar algunos en mi bolso y de que una invitada nos dio unos puñados que también llevaba ella. Así fué como en la puerta de la iglesia y con nuestro consentimiento (el cura nos pregunto por si nos parecia mal) nos cantaron la coplilla y nosotros pudimos cumplir con tan curiosa tradición.