
Os cuento. Justo unos meses antes de nacer nuestra primera hija, Edu, mi marido, compró un conejito de terciopelo para la pequeña. No era muy grande, ni caro, pero aquel conejo se convirtio en el inseparable amigo de Alicia, y su colita en forma de pompón era entre sus deditos, el mejor relajante para dormirla.
Tanto llamarle "conejo, conejo" que ella en una máxima abreviatura de aquella palabra, llamó a su amigo "o".

Han pasado algunos años desde entonces y el deterioro del peluche es mucho. El uso diario del mismo y los consiguientes lavados han dejado calvas en su cuerpo, tiene remiendos, le he rellenado varias veces, su color ya no es el que era, y su pompón está forrado con una funda de ganchillo. Pero "o" sigue siendo a día de hoy el amiguito más querido por mi hija y su compañero de sueños.
En estos años, he puesto anuncios por internet para conseguir otro conejito igual, he mandado email a las tiendas que la jugueteria tiene por el mundo. Mis padres en cada viaje han recorrido las tiendas de juguetes para ver si en alguna un "o" les estaba esperando. Toda nuestra busqueda fue siempre infructuosa y todas las respuestas obtenidas eran la misma: AGOTADO!!!
Hace tres o cuatro años en el ambulantorio, mientras esperabamos al pediatra, llegó un niño con el mismo peluche. Estaba tan gastado como el nuestro, y la reacción de mi hija fué decirme: Mira mamá, ese niño tiene a "o", y el niño a su vez nos contestaba: "No es "o" es Pepo"
Conversando con su madre descubri que el conejo también habia sido comprado en Toys "R" us y que al igual que nosotros, iriamos a donde fuera para poder tener un "sustituto"de repuesto para el muñequito.
Conversando con su madre descubri que el conejo también habia sido comprado en Toys "R" us y que al igual que nosotros, iriamos a donde fuera para poder tener un "sustituto"de repuesto para el muñequito.
Nunca cesé en la busqueda, pero cada vez la cosa se hacia más difícil y "o" para nuestra desgracia, más viejo.
El día que el Sporting se jugaba el ascenso, bajamos al centro a dar una vuelta y ver el ambiente. Mi hija mayor y Edu estaban viendolo en el Molinón, así que mi cuñado, mi hermana y nuestras pequeñajas, nos fuimos de paseo.
Al pasar por la plaza de Italia, ví que La Casa del Libro estaba abierta y recordé que no teniamos aún, ni Remi ni yo, el nuevo tomo de Esther, así que fuimos a ver si lo tenian. Mire por el escaparate y cuando me acerqué al último, al de literatura infantil, no podia creer lo que mis ojos veian. Encima de unos libros estaba "o", en realidad era un osito "o", la otra versión que había del peluche cuando lo compramos. Tan solo se diferenciaba de nuestro conejito en las orejas, el resto: sus colores, su tacto, su tamaño y su colita eran exactamente iguales.
Al pasar por la plaza de Italia, ví que La Casa del Libro estaba abierta y recordé que no teniamos aún, ni Remi ni yo, el nuevo tomo de Esther, así que fuimos a ver si lo tenian. Mire por el escaparate y cuando me acerqué al último, al de literatura infantil, no podia creer lo que mis ojos veian. Encima de unos libros estaba "o", en realidad era un osito "o", la otra versión que había del peluche cuando lo compramos. Tan solo se diferenciaba de nuestro conejito en las orejas, el resto: sus colores, su tacto, su tamaño y su colita eran exactamente iguales.
Empecé a gritarle a mi hermana y ambas quedamos perplejas por el hallazgo. Delante nuestro teniamos un "o" muchisimo mas nuevo que el de Ali.
Solo pensaba en hacerme con él para poder regalarselo a mi hija. Entré en la tienda y el dependiente no supo decirme de quien era el peluche. No sabia si lo habian encontrado o simplemente estaba de decoración en el escaparate.
Le mande un email a una conocida que trabaja allí para ver si podia localizar al dueño del peluche y poder llegar a un acuerdo económico con él. Pero la chica había cambiado de trabajo y no pudo prestarme su ayuda.
Solo pensaba en hacerme con él para poder regalarselo a mi hija. Entré en la tienda y el dependiente no supo decirme de quien era el peluche. No sabia si lo habian encontrado o simplemente estaba de decoración en el escaparate.
Le mande un email a una conocida que trabaja allí para ver si podia localizar al dueño del peluche y poder llegar a un acuerdo económico con él. Pero la chica había cambiado de trabajo y no pudo prestarme su ayuda.
Al final mi padre se personó en la libreria, contó la historia y le tomaron los datos para ponerse en contacto con él. Parecia ser, que el osito era propiedad de una dependienta, que lo había traido de su casa para ponerlo allí.
¡Y pensar que en las mejores manos que podia estar aquel solitario osito del escaparate era entre los brazos de Ali!
Esa misma tarde llamaron a mi padre y le dijeron que podia pasar a por el osito, que llevaba olvidado en el almacén de la libreria mucho tiempo , y que realmente la dependienta lo encontró allí y decidio ponerlo de decoración en el escaparate.
No
podeis imaginaros la carita de mi hija cuando le dimos al osito. No le importó que sus orejas no fueran largas, ella lo miró con los ojos del cariño, sin ver ninguna diferencia.
No
Ella vé en él, a un nuevo "o" que no va a sustituir el cariño que siente por el auténtico, pero que va a dejar al viejo "o" descansar.
"o" llevará a partir de ahora una "vida" más sosegada y sin tantos paseos por la lavadora.
"o" llevará a partir de ahora una "vida" más sosegada y sin tantos paseos por la lavadora.
El viejo conejito se quedará en la estanteria, velando desde allí por sus sueños y recibiendo cada día un beso de buenas noches.
El nuevo compañero será ahora el encargado de recibir las caricias en la colita, para poder así conservar al conejo "o" durante muchisimos años más.