Hace una semana tuvimos boda. No fue una boda típica. Fue una boda de jueves, en el juzgado, donde todos los invitados eramos familia: padres, hermanos, cuñados y sobrinos.
Cuando hace poco más de un mes, mi cuñada ( y vecina de abajo) me picó a la puerta diciendome que tenia una noticia, me lo imaginé: Se casaban. Era algo que siempre había pensado, que no iban a realizar un bodorrio al uso, sino que ellos lo harían así, de un día para otro, y acerté.
Mi cuñado, el hermano mayor de Edu, y ella no querían ninguna celebración. Querían formalizar la convivencia de 5 años, dejar de lado su relación "sin papeles". Pero eso sí, no dándole más importancia a esa firma que la de un mero trámite.
No habría trajes de novios, no habría convite, tan solo nos invitaban a una comida familiar. Pero quisieran o no, la comida era eso, la celebración de su boda :))
Nunca había estado en una boda en el juzgado. La rapidez en la que se certificaban los matrimonios, era increíble. Ellos eran los últimos, y la espera se nos hizo cortisima, porque allí las cosas iban raudas y veloces. Parecía talmente que los desposaban desde la puerta.
Pero no, cuando llego nuestro turno, nos pasaron a una sala. Colocaron a los novios y testigos delante y a los invitados nos sentaron detrás. Bueno a todos no, porque cuando entré en la sala con la cámara de mis cuñados en la mano, el juez me tomó por la fotógrafa oficial y me mando colocarme de pie, junto a su mesa, delante de las banderas. Así que como tengo mucho respeto a la autoridad, allí me planté delante de las dichosas banderas y me puse a sacar fotos del evento como una loca, jajaja

Luego fuimos a celebrarlo, perdón quería decir a una comida familiar :)) , a una antigua casona asturiana del XVIII, remodelada desde un punto de vista vanguardista y convertida en un renombrado restaurante "Koldo Miranda" que desde el 2007 posee una estrella Michelín. La presentación de los platos fue exquisita y el trato recibido por el personal igual. La comida muy sabrosa y el postre... para chuparse los dedos. Los dueños, conocidos de los novios, nos reservaron toda la planta baja del local, así que campamos allí a nuestras anchas. Pese a no querer celebraciones, la novia nos obsequio a cada comensal con una pequeña cajita de bombones y no faltaron los brindis y los celebres gritos de "Vivan los novios" o "que se besen". Y es que está claro, que una boda, siempre será una boda...


Tras tomarnos los cafés en la terraza, donde antes habíamos tomado el aperitivo, nos fuimos para nuestra casa habiendo disfrutado de un buen día en familia y asistido a una boda relámpago.