A mediados de noviembre, leyendo una revista, me asombraba con la existencia de los "lifestyle managers". Nunca puede uno saber lo que le deparara el futuro, porque por mucho que presumí que no podría dejar mis pequeños recados en manos de un extraño y menos con esos precios, hoy por hoy, no estaría de más contar con la ayuda de alguien que me acompañara a las compras, que me cargara con las bolsas, y por que no, que me atechara y sujetase el paraguas :)
En la misma revista también leí sobre los nuevos lujos, esos que no siempre se pueden comprar con dinero. Por aquel entonces, tenia en mente hablar sobre mis lujos, y lo dejé apartado porque existieron otros temas que se "colaron" delante de muchos otros propósitos de entrada, que por una u otra cosa siempre voy aplazando. Unas veces por hablar de mi día a día y otras por temas de actualidad que acaparan de repente mi atención.
Todos entendemos por "lujos" algo que cuesta dinero, pero mis lujos son distintos, son los que ahora se valoran mucho más que una joya o unas vacaciones en el Caribe. Son esos privilegios que pocos se pueden permitir al 100% y que yo tengo la suerte de tener casi todos.
El primero es el tiempo.
Tener tiempo para uno mismo, para los demás, para la familia. Disponer de una hora o de unos minutos al día para hacer lo que queramos y lo que es mejor, saber sacar partido de ese tiempo, bien uniéndolo todo o disfrutando cada momento por separado.
El segundo es el amor. Empieza por amarse a unos mismo y aceptarse tal como se es. Cuando esto se consigue, el amor que ofrecemos a los demás es "sano" y natural. Tener alguien a quien amar y ser correspondido es algo que todos deberíamos de probar como mínimo una vez en la vida.
El tercer lujo son los hijos.
Es raro el día que no oigas a alguien decir que no se puede permitir tener un hijo o aumentar la familia. Está claro que es un lujazo lo mires por donde lo mires, no solo a nivel económico, sino que también deben acompañar otros factores como el disponer de tiempo. Porque los hijos además de absorber cada minuto de nuestro tiempo cuando son pequeños, serán algo que deba preocuparnos para siempre. Muchos dicen que los peques son una hipoteca de por vida, yo prefiero verlos como una inversión a largo plazo ;)
El cuarto es la experiencia.
Esa experiencia que se aprende con la vida, con los años que llevamos a nuestras espaldas. Este es el único lujo que aún no he completado, para disfrutarlo plenamente aún me quedan muchos años por vivir, me falta envejecer un poco más. Pero no os equivoqueis, es algo que deseo y espero. Podemos decir que nos acompaña la experiencia de la edad, pero decirlo con 90 años o más, es todo un señor lujo.
El quinto de mis lujos es el agua.
Vivo en una tierra en la que el agua es un recurso muy abundante. Nunca he sufrido restricciones en su uso y viendo lo que pasa en otras zonas del país, por no hablar de otras zonas del planeta, me considero una gran privilegiada.
El sexto es el sueño.
No poder descansar, tener insomnio tiene que ser horrible. Para mí la cosa es sencilla porque nunca me costó conciliar el sueño. Tan solo las voces o el llanto de mis hijas son capaces de sacarme de los brazos de Morfeo.
Para disfrutar de este lujo, se necesita no tener la cabeza repleta de problemas, de trabajo, saber desconectar y por supuesto, vivir en una zona en la que el ruido no sea excesivo. Quizás el sueño a los insomnes les llegué por fin cuando se relajen. Los que no duerman por mala conciencia,lo siento..., esos no tiene cura :P
Otros lujos que poseo: el
trabajo (madre, esposa y ama de casa :)), la
salud (aunque esta es impredecible), la
amistad, tener una buena
familia (no acomodada, sino a la que aferrarse en caso de necesidad o con la que celebrar los éxitos y las alegrías)... y otros muchos lujos que diariamente seguro que tengo y que no valoro todavía como tales.

Releyendo mi entrada, me queda claro que el dinero no da la felicidad. Que a veces, el españolito de a pie posee todo lo que le gustaría tener al rico. Y que este último, nunca va a poder comprarlo todo con su visa oro.
Repito que el dinero no da la felicidad, pero también aclaro, que a veces ayuda.