domingo, 25 de mayo de 2014

MAL QUE ME PESE, NO ENTIENDO A ESTA JUVENTUD

Con una hija adolescente en casa y tengo que reconocer que no entiendo a algunos jóvenes. 
Mi desconocimiento empieza con el hecho de que para divertirse tengan que beber. No toman algo mientras charlan en un bar, no, simplemente se sientan y tragan sin ton ni son, la mezcla o bebida de turno. 
Luego está la diversión que ya se escapa totalmente a mi entendimiento, y es esa en la que para pasarlo bien, tienen que meterse con alguien, insultar, increpar, amenazar, abusar e incluso pegar a otra persona. Para que todas estas cosas ocurran no hace falta incitarles. La forma de vestir, de ser, de caminar e incluso de mirarles, basta para darles pie a que nos falten el respeto o nos asalten con cualquier otra cosa de las que he enumerado antes. 

Como los animales, cuando van en grupo se crecen y se creen más fuertes, por lo que cruzarte o coincidir con un grupo de est@s descerebrado@s a veces, segun para quién,  puede resultar peligroso.

Y justo ayer, eso es lo que les pasó a mi hija y a cuatro de sus amigas. Bajaban de un parque, de jugar en los columpios, hacia casa de una de ellas (que las había invitado a pasar la tarde para celebrar su cumple)  y casi justo cuando llegaban, pasaron al lado de cuatro retrasadas de entre 16-18 años, que estaban haciendo botellón. 
A plena luz del día, las increparon, les pidieron dinero (que no les dieron porque no llevaban nada), rodearon a una de las amigas de mi hija y la "invitaron" a beber. Cuando ella les comentó que solo tenía 12 años y que no quería beber, la sujetaron entre todas y le metieron la botella en la boca, llenándosela de vodka. La pobre lo pasó fatal, aunque fue una pena que no les escupiera o les vomitara en la cara. 
Tenían tal susto en el cuerpo, que la cumpleañera se puso a llorar pidiéndoles que las dejaran marchar, que las iban a reñir por llegar tarde. Al final las dejaron marchar y ellas echaron a correr los metros que las separaban del portal. Las cuatro impresentables corrían detrás de ellas, así que mientras la niña buscaba las llaves de casa, mi hija picaba como una loca en el timbre, lo que alertó a la hermana de la niña que se imagino que algo pasaba y bajó corriendo. Ya no las pilló. El padre y el hermano de la niña salieron a buscar por los alrededores, pero tampoco dieron con ellas. 

No os podéis imaginar el miedo que pasaron. A mi hija tuvieron que darle hasta una infusión para que se calmara y aunque a mí me lo contó nada más verme, ahora no quiere ni contarlo, ni oírlo contar. 

Y en mi recién descubierto desconocimiento juvenil, me pregunto:
¿No debería darles vergüenza meterse con niñas de 12 y 13 años , que ni siquiera las miraron cuando vieron que estaban bebiendo?. 
¿Que diversión pueden ver en atemorizar a 5 niñas que simplemente bajaban del parque? No es indignante que las increpen y abusen de su fuerza y del temor que suscitan? 
¿No es para cogerlas por los pelos y arrastrarlas????? Eso es lo que más me apetecía ayer, mientras Ali me lo contaba.

Hoy con más calma, sigo teniendo el mismo sentimiento...

MI VITRINA